De pintxos por el Puerto Viejo de Algorta

Algorta es uno de los barrios que forman la localidad de Getxo, en Bizkaia. Y el Puerto Viejo es uno de sus tesoros. Antigua localidad de pescadores donde se instalaron los primeros arrantzales, que ademas eran expertos marineros que guiaban a los barcos en su entrada por la ría hacia Bilbao, hoy en día conserva sus bonitas casas pegadas a la ladera, sus tranquilas calles empedradas y ese encantador aire familiar.
Recuerdo de infancia: domingo de sol por la mañana, sentados “en las escaleras del puerto”, comiendo rabas, intentando descubrir por qué a mis padres les gustaba esa cosa roja llamada “biter” que acabó gustándome a mí también a base de probarlo…
Hoy en día, cuando vuelvo a casa, dar un paseo por el puerto viejo es imprescindible. Hemos cambiado el mosto por un rueda, las rabas por unos pintxos, las escaleras por una mesa en la plaza. Pero pasear entre sus calles de casas blancas decoradas de colores, ya sea una tarde tranquila entre semana, o un abarrotado domingo a la hora del aperitivo, es algo que echo mucho de menos a tantos kilómetros de distancia.

Si, en Bizkaia llueve muy a menudo, pero sus temperaturas templadas permiten que en cualquier estación del año amanezca una mañana soleada (o nublada) con una temperatura agradable que invite a pasear, o sentarse en sus calles. O una tarde en la que tomarse unas raciones o pintxos en alguno de los bares del puerto. El Arrantzale, con sus mesitas en la plaza, en las que disfrutar de unos magurios (caracoles), unas gambas, o cualquiera de sus raciones. Las croquetas de los fines de semana en el Itxas-Bide, unas rabas (calamares) del Portu Zaharra sentados en las escaleras…
Y es que en cualquiera de las tabernas del Puerto Viejo podemos encontrar pintxos tradicionales que se mezclan en las barras con creaciones más originales. Pintxos fríos listos para comer o raciones calientes recién preparadas. Lo importante, buena compañía, elegir los pintxos que más nos gusten, y disfrutar de un buen rato entre estas calles, mirando al mar, donde parece que el tiempo se detiene…

En la última foto me podéis ver saboreando un vino blanco y un crepe de boletus un miércoles por la mañana estas Navidades. Y como podéis ver, no era la única. Y es que en cuanto se escapa un rayito de sol, las calles del Puerto Viejo de Algorta se llenan de vida, de gente queriendo disfrutar de sus pintxos y su ambiente.
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